El Acuerdo de Libre Comercio entre Chile y EEUU.: Entre la reciprocidad formal y la realidad desigual
Claudio Lara Cortés, enero 17 de 2004
Después de más de 10 años de conversaciones, finalmente el 6 de junio el gobierno chileno firmó en Miami el esperado Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. El tratado, ya ratificado por ambos congresos, debería estar operativo a comienzos de 2004. Si bien la suscripción de los Tratados de Libre Comercio (TLC) es una política gubernamental que se viene impulsando desde los inicios de los años noventa, ella ha alcanzado notoriedad en el último tiempo precisamente con la firma del acuerdo con Estados Unidos y antes con Corea y la Unión Europea. El acuerdo con el país del norte es el número 28 de Chile con otros países, cifra sólo superada por México e Israel, pero podría escalar a la primera posición en el 2004.
Todos estos acuerdos, sobretodo los más recientes, han provocado arranques de promesas increíbles, ya que estos TLC dejan a nuestro país con acceso comercial al 67% de la economía mundial. Entre las promesas más destacadas se encuentran el aumento del Producto Interno Bruto y el empleo (basado en el incremento de las exportaciones) junto a la baja de los precios de bienes y servicios que favorecerían a los consumidores. Sin embargo, tales promesas no tienen sustento histórico en nuestro país, así lo atestiguan las cifras estadísticas relevantes de los últimos cinco años. Tampoco tienen un sustento teórico firme, ya que los TLC se conciben como simples acuerdos “comerciales”, ignorando el hecho que ellos adquieren nuevos significados en los tiempos de globalización. En efecto, los actuales TLC dejan de tener un carácter unidimensional (sólo comercio de bienes), para adquirir ahora un doble carácter comercial (comprende a bienes y servicios) y multidimensional (junto a los flujos comerciales, abarca los de inversión y los financieros, así como otros temas específicos que promueven y protegen la expansión del capital: protección de la propiedad intelectual, inversiones, compras de gobierno, etc.). No sólo eso, la propia naturaleza e institucionalidad del comercio internacional ha cambiado.
Más allá de aquellos cambios e insuficiencias teóricas, debería quedar claro que los nuevos acuerdos no sólo afectarán las políticas comerciales de “frontera”, sino que sobre todo a las políticas y leyes internas (regulaciones) de los países. En esencia, estos acuerdos buscan la mercantilización total de la economía y de la sociedad (como si ello fuera posible), profundizando al mismo tiempo la flexibilidad laboral imperante en el país. Consecuentemente, serán los trabajadores y las personas los que en última instancia sufrirán sus impactos en la vida cotidiana. Por lo demás, debe tenerse presente que muchos de los TLC firmados por Chile tienen objetivos políticos y estratégicos que trascienden los contenidos de los propios acuerdos.
En el presente trabajo pretendemos evaluar los eventuales impactos en la economía chilena del TLC firmado con Estados Unidos. Comenzaremos discutiendo las implicancias del acuerdo para los flujos comerciales entre ambas economías. Entendiendo que este es sólo un aspecto del acuerdo, abordaremos luego las implicancias en los flujos de inversión extranjera. Finalizaremos con una discusión sobre las otras razones del tratado de libre comercio. En esta labor tuvimos que hacer frente a la complejidad cada vez mayor que resulta de los numerosos acuerdos suscritos y a la dificultad de evaluar acuerdos individuales por separado.
A.- LAS IMPLICANCIAS COMERCIALES DEL ACUERDO
Como fuera dicho, uno de los propósitos de todo TLC es posibilitar la profundización y ampliación de la liberalización de los mercados de bienes, bajo el supuesto de que ello favorecerá a las economías que subscriben el acuerdo. Incluso los promotores chilenos del tratado sostienen que nuestro país saldrá más favorecido, ya que según la teoría más ortodoxa cuando dos países de importancia desigual muy marcada acuerdan una zona de libre comercio, el más pequeño de ellos obtendrá ventajas de tal asociación. En esta perspectiva, un mayor acceso de las exportaciones chilenas al mercado norteamericano se convierte en el objetivo fundamental de la negociación, más aún si consideramos que EEUU es el primer socio comercial de Chile. A juicio de Roberto Paiva, jefe de comercio exterior del Ministerio de Economía, el acceso a mercado es tan importante que “sin consenso en este tema no hay TLC con Estados Unidos”. En términos más específicos, importarán principalmente los niveles de desgravación, la eliminación de las barreras no arancelarias y las reglas de origen.
Una Desgravación desigual en beneficio del más fuerte
Para un enfoque que concede a lo comercial una primacía casi absoluta, especialmente a las exportaciones, el tema de la desgravación inmediata pasa a ser crucial. Según lo acordado, este tipo de desgravación se aplicará a cerca del 87% de las exportaciones chilenas a Estados Unidos (ver cuadro No 1), lo que se presenta como un gran logro. Pero raramente se reconoce que este porcentaje es ligeramente menor al que se impondrá a los productos importados del país del Norte (88,5%).
Cuadro No 1. Desgravación a Exportaciones Chilenas a Estados Unidos
Categoría
No. Item
%
Monto Miles US $
%
Desgravación Inmediata
9.644
94,7
2.758.482
87,0
2 años
1
0
245.542
7,8
4 años
224
2,2
5.996
0,2
8 años
140
1,4
11.197
0,4
10 años
66
0,6
8.471
0,2
12 años
57
0,6
141.508
4,5
Tabaco
56
0,5
0,0
Total
10.187
100
3.168.196
100
Fuente: Direcon, Ministerio de Relaciones Exteriores
Asimismo, pocas veces se menciona que el grueso (casi el 70%) de los actuales envíos “chilenos” a ese país tienen ya arancel de 0% o muy bajo (1% o 2%), debido fundamentalmente a que están sujetos al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). Tampoco se dice que las importaciones norteamericanas pagan actualmente un arancel del 6% y que con la entrada en vigencia del acuerdo éste se reducirá a 0,54% como promedio. Por lo cual, la desgravación inmediata favorece mas a estas últimas que a las exportaciones chilenas.
Se ha indicado que los envíos industriales chilenos, especialmente el rubro de las confecciones, serán los más beneficiados con la desgravación inmediata, ya que el 88,5% de ellos dejará de pagar aranceles el día 1, mientras que el 99,99% lo hará desde el año 2. A diferencia de ello, la desgravación para la agroindustria ocurrirá entre 8 y 12 años para la gran mayoría de los productos (conservas, congelados, pulpas y jugos). A estos productos se suman el vino y el azúcar. Al cabo de doce años todos los envíos no pagarán aranceles.
Cabe destacar que el acuerdo arancelario encuentra a lo que queda de la industria textil muy deprimida. Para acceder al arancel de 0% que supone el acuerdo, se debe cumplir con las reglas de origen que obligan a que los hilados, la tela y las confecciones sean fabricadas en Chile. En tanto, el largo período de desgravación contemplado para la agroindustria significará continuar en una posición de desventaja con respecto a otros competidores que ya cuentan con un arancel cero para los mismos productos.
En definitiva, las rebajas arancelarias, que favorecen más a Estados Unidos, dejan a Chile expuesto a recibir una ola de importaciones, la que desplazará a importantes producciones locales, sobre todo en la agricultura. Estas mismas rebajas provocarán, además, una “desviación de comercio” debido a que las importaciones norteamericanas se harán más competitivas que las de otros orígenes.
Un libre comercio cínico: Las Barreras No Arancelarias
Por otra parte, casi nunca se dice que en el acceso a los mercados estadounidenses son más relevantes las barreras no arancelarias que los propios aranceles (dado que son muy bajos en promedio) y que la reducción de estos últimos en los TLC está sujeta en su mayoría (sobre todo los productos agroindustriales y agrícolas) a ciertas cuotas. Por ejemplo, los lácteos no sólo quedaron limitados a una cuota, sino que además ella es 9 veces menor (3.500 toneladas) a la pedida originalmente, provocando reclamos de las empresas del sector. No cabe duda que la repartición de estas cuotas entre las empresas locales será fuente de grandes conflictos, donde la corrupción no estará ausente.
Otra de las grandes barreras al libre comercio con ese país son los gigantescos apoyos y subsidios que entrega el gobierno de Bush tanto a productores como exportadores. Es cierto que tras el acuerdo se podrá tener un mayor acceso a dicho mercado, pero también es verdad que las exportaciones chilenas tendrán que seguir enfrentando una competencia con fuerte apoyo estatal en sectores claves (agricultura, vinos, etc.) o que nuestra producción local deberá competir con importaciones norteamericanas altamente subsidiadas (acero, agricultura, etc.).
A ello se agrega la mantención del mecanismo anti-dumping, que es usado recurrentemente por el gobierno estadounidense y que ha pasado a convertirse en el principal mecanismo de protección, a pesar que la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha declarado que es contrario a sus normas. La experiencia ha indicado que mientras más avanza la liberalización comercial, más se recurre a este mecanismo (entre 1995 y 2001 se iniciaron 1.854 investigaciones por dumping en el mundo). Estados Unidos es el país que ha iniciado más investigaciones de este tipo a las exportaciones chilenas (30%). Por cierto, ni los subsidios ni las medidas anti-dumping estaban en la mesa de negociaciones del TLC. Por lo demás, la potencia del norte, basada cada vez más en el unilateralismo, se reserva el derecho a cambiar el Sistema General de Preferencias Arancelarias (SGP), exigir derechos específicos a algunas exportaciones, aplicar medidas sanitarias a productos frescos e imponer exigencias de seguridad (normas de bio-terrorismo) y protección del medio ambiente, entre otras.
La permanencia de importantes Barreras No Arancelarias en la economía mundial, particularmente en la estadounidense, demuestra que la liberalización nunca será plena, ella es siempre cínica, aunque desigual. En el caso del TLC con Estados Unidos, los productos norteamericanos encontrarán muy pocas barreras a diferencia de los chilenos, dada la asimetría existente en el número de ellas (mucho más en Estados Unidos que en Chile). Incluso, la mantención de estas barreras en el país del norte puede anular los pequeños logros alcanzados en la reducción arancelaria.
De Exportaciones e importaciones
Para los promotores del TLC con Estados Unidos pareciera importarles sólo las exportaciones, como si éstas fueran la única actividad del comercio exterior. Para respaldar el eventual incremento de las exportaciones chilenas, se recurre muy a menudo al caso mexicano, cuyas exportaciones habrían aumentado espectacularmente producto del TLC de América del Norte. Claro que no se dice que las importaciones crecieron mucho más que ellas, transformando a México de un exportador neto a un importador neto (con un déficit comercial acumulado igual a 23.032 millones de dólares entre 1994 y 2000). En suma, en el ámbito comercial el acuerdo ha favorecido hasta ahora más a Estados Unidos que a México.
Para Chile la situación puede ser igual o peor, ya que la balanza comercial con Estados Unidos presenta un déficit histórico. Este déficit ha sido revertido desde que Chile cayó en 1999 en una fase recesiva y de bajo crecimiento, tal cual se demuestra en el cuadro siguiente.
Cuadro No. 2. Balanza Comercial entre EEUU y Chile, 1996 – 2002 (mill. US$)
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
Exportaciones de Chile a EEUU (US$)
2.554,3
2.710,0
2.610,0
3.087,5
2.991,5
3.214,5
3.482,9
Importaciones de Chile desde EEUU
4.109,5
4.331,6
4.025,8
3.022,5
3.338,5
2.888,6
2.515,3
Total BC
(1.555,2)
(1.621,6)
(1.415,8)
65,0
(347,0)
325,9
967,6
Fuente: ProChile
De recuperarse la economía chilena, en el contexto de una desgravación desigual, es muy probable que se vuelva rápidamente al déficit histórico. Pero más preocupante que ello, son las grandes asimetrías tecnológicas y salariales que se encuentran en la base de las respectivas estructuras comerciales. En general, como se deduce de la estructura exportadora chilena, independientemente de que algunos sectores hayan alcanzado cierto grado de desarrollo tecnológico, nuestro país vende a los norteamericanos productos que contienen menos tecnología y más mano de obra que los que recibe de él. Sin embargo, no sólo se tienen tecnologías mas atrasadas, sino también hay que obtener tasas de ganancia más elevadas para que la inversión se pueda realizar en Chile. Esta compensación sólo se puede alcanzar con menores salarios que los que se pagan en el país del norte o con apoyos gubernamentales, como son las exenciones de algunos impuestos (minería del cobre), facilidades de infraestructura, etc.
Acordando un TLC en el momento menos oportuno
Al analizar un TLC es importante tener en cuenta no sólo sus contenidos, sino también el momento en que se firma y comienza a operar. Cabe destacar que a diferencia de otros TLCs, éste se firmará en un contexto que no es el más oportuno para el país. Así, el Banco Central, en su informe de política monetaria de mayo, advierte que Estados Unidos es el mayor riesgo para la recuperación de la economía chilena, dado que se viene verificando un crecimiento más lento de lo esperado es ese país. En vez de recuperarse del ciclo recesivo, la economía norteamericana estaría evolucionando peligrosamente hacia la deflación (derrumbe de los precios). De imponerse este fenómeno, las exportaciones chilenas se verían severamente afectadas.
Asimismo, el próximo año debería aprobarse el ALCA, con lo cual los empresarios chilenos tendrán que competir a partir de 2005 (año de entrada en vigor del acuerdo) de igual a igual con sus contrapartes del resto de la región. En rigor, Chile entró a la competencia diez años tarde con respecto a México (que ya es parte de un acuerdo con EEUU.). Tampoco hay que olvidar que la potencia del Norte está negociando actualmente un TLC similar con los países centroamericanos y ha ofrecido acuerdos de libre comercio a otros países (República Dominicana, Colombia, Perú y Panamá). En consecuencia, el tiempo de "ventaja" que concede el TLC a Chile es mínimo.
B.- LAS IMPLICANCIAS DEL ACUERDO PARA LOS FLUJOS DE CAPITALES
Al inicio de este trabajo subrayamos que en estos tiempos de globalización los flujos de inversión y financieros son igual o más significativos que los comerciales. De allí que el TLC entre Chile y Estados Unidos conceda una gran importancia a la materia de inversiones, aunque a la hora de su divulgación este tema pasa completamente a un segundo plano.
Estabilidad y seguridad para los flujos de inversión extranjera
En las negociaciones sobre inversiones se busca fomentar el ingreso de capitales bajo requisitos que den estabilidad y seguridad a los inversionistas, sin quedar expuestos a un trato discriminatorio. Así, en el acuerdo se garantizó el acceso y la protección a los inversionistas de ambos países para invertir en el otro. Se otorgó Trato Nacional y Trato de Nación Más Favorecida, con algunas excepciones listadas en los anexos de las medidas disconformes. En términos generales, Chile mantuvo la misma apertura o acceso que negoció con Canadá y México, y Estados Unidos ha otorgado la misma apertura que en el NAFTA. Se prohiben los Requisitos de Desempeño, expresamente listados en el Capitulo, aunque se permiten algunas excepciones a la regla general.
Asimismo, se mantuvo la restricción de la repatriación del capital de un año para las inversiones ingresadas con contratos y bajo la legislación DL 600. Se clarificó que el inversionista no puede alegar una violación del contrato DL 600 en arbitraje internacional.
También se acordó la libre transferencia para las inversiones cubiertas por el acuerdo, con algunos resguardos especificados en el ámbito de la solución de disputas. Se acordó una prohibición a la expropiación de los inversionistas en las mismas condiciones que se acordó con Canadá y México, aunque se incluyó un anexo aclarando el concepto de expropiación indirecta, el cual en el Nafta ha dado pie a demandas que podrían lesionar la capacidad regulatoria del Estado.
En cuanto a la Solución de Disputas entre el inversionista y el Estado, los inversionistas pueden reclamar en una disputa que el Estado ha violado la autorización de una inversión, un acuerdo de inversión o el Tratado mismo. Las autorizaciones de las inversiones bajo el DL 600 no están sujetas a este mecanismo. Para limitar el ámbito de aplicación de los acuerdos de inversión, se acordó que solamente los acuerdos firmados a partir de los dos años desde la vigencia del Tratado serían reclamables a través de mecanismos de solución de disputa.
Protegiendo más que nada a la inversión estadounidense
Al considerar los flujos de inversión altamente asimétricos que existen entre Chile y Estados Unidos, no cabe duda que las normas de protección –formalmente recíprocas- favorecerán casi sólo a las empresas transnacionales norteamericanas. En efecto, Estados Unidos es el principal inversionista extranjero en Chile, con flujos materializados que alcanzaron a 15.851.588 de dólares entre 1974 y 2002, equivalente al 30,5% de la inversión total. El monto más alto de esta inversión ocurrió en 1996, como queda de manifiesto en el cuadro No 3.
Cuadro No. 3. Inversión Extranjera Materializada en Chile desde Estados Unidos, 1996 – 2002 (en miles de US$ nominales)
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
IED
DL600
2.263.777
934.633
1.358.098
1.909.144
750.899
1.759.829
529.883
Fuente: Comité de Inversiones Extranjeras
Inversamente, según cifras de la Cámara de Comercio de Santiago, la inversión detectada de empresas chilenas en Estados Unidos alcanzó apenas 102 millones de dólares en el 2001, representando el 7,6% del total. Este bajo monto de inversión también se ha constatado durante toda la década de los noventa. En efecto, entre 1990 y 2001 (tercer trimestre) la inversión detectada totalizó 274,7 millones de dólares, equivalente a sólo 1,1% del total. La mayoría de estas inversiones (75%) está enfocada hacia actividades de servicios, incluyendo telecomunicaciones, bancos y finanzas.
En consecuencia, es en los flujos de inversión donde se expresa con mayor fuerza las asimetrías existentes entre ambos países. No solamente se da un flujo de inversión casi unidireccional (desde Estados Unidos a Chile), haciendo que el acuerdo sea relevante sólo para las empresas norteamericanas que tienen presencia en nuestro país, sino que además queda en evidencia el creciente grado de extranjerización de la economía chilena.
Protegiendo la propiedad intelectual de las empresas transnacionales
En materia de propiedad intelectual se avanzó en un acuerdo superior al de la OMC (TRIPS plus), ampliándose los plazos de protección para las patentes de invención e innovación, otorgándole nuevos derechos a las empresas transnacionales farmacéuticas. Los gobiernos tendrán que esperar cinco años antes de permitir que los que producen medicamentos genéricos tengan acceso a sus datos de prueba, lo cual podría conducir a retrasos innecesarios y a efectos devastadores en la producción de medicamentos con precios bajos.
En este ámbito también se manifiestan las asimetrías en inversiones existentes entre ambos países, por lo que la protección de los derechos de propiedad intelectual de las empresas transnacionales es relevante sólo para las de origen estadounidense.
Libertad para los capitales especulativos
Hay que tener presente que no toda la inversión extranjera que arriba a Chile es inversión extranjera directa, parte importante de ella adopta la forma de inversión de cartera, entre las cuales se contarían aquellas altamente especulativas. Adicionalmente, la inversión orientada a los servicios, lo hace de preferencia al área de servicios financieros, desde los servicios bancarios hasta las administradoras de fondos previsionales (AFP), pasando por compañías de seguros, fondos mutuos y fondos de inversión. Todas estas instituciones son agentes activos, en mayor o menor medida, de prácticas especulativas. Este tipo de actividades no sólo ocurre a nivel nacional sino que también en el ámbito internacional.
Entre los agentes más activos en las prácticas especulativas se encuentran las AFP, que han intensificado sus actividades externas durante los últimos 12 meses. Todas ellas, dominadas por capitales extranjeros, han presionado en los marcos de la negociación del TLC para incrementar el límite de inversión en el exterior de 20% a 25%, y ahora a 30%. Incluso, la superintendencia del sector evalúa actualmente permitir inversión de las AFP en los famosos hedge funds . Esto no debería extrañar, ya que Norteamérica acapara la mayor parte de los recursos colocados fuera del país por las AFP, seguido por Europa. Ello explica que Estados Unidos haya captado el 90% de todas las inversiones que efectuaron capitales locales en el exterior durante el primer semestre de este año, las que alcanzaron según el Banco Central a un total de US$2.301 millones. A febrero de 2003 los flujos netos de inversión (directa, de cartera y otras) desde Chile hacia Estados Unidos vía Capitulo XII y XIII del CNCI acumulaba 15.434 millones de dólares.
En cuanto a los servicios financieros, el TLC permite a Chile acudir a un mecanismo similar al encaje sólo en situaciones extraordinarias (“cláusula de desastre”), cuando las medidas fiscales y monetarias no sean suficientes para garantizar la estabilidad económica, y por no más de un año. En otras palabras, el acuerdo bilateral impide al gobierno chileno la utilización de controles a los capitales especulativos previo a una situación de emergencia o crisis.
Los flujos de inversión y la extranjerización de la economía chilena
La gran ola de inversión extranjera llegada al país en la segunda mitad de la década pasada y la forma que ella adquirió –principalmente fusiones y adquisiciones de empresas-, ha conducido a una creciente extranjerización de la economía chilena. La inversión norteamericana en particular, ha contribuido de manera decisiva a este fenómeno.
Cuadro No. 4. Inversión Extranjera Directa Estadounidense Materializada en Chile, 1996-2002
Sectores
1996
2000
2002
1974-2002
Agricultura
8.201
18,31
100
78.821
Construcción
75
5
0
36.345
Electricidad, Gas y Agua
193.779
268.507
31.688
2.237.553
Pesca y Acuicultura
4.129
0
0
16.232
Forestal
8.036
3.231
6
85.082
Industria
328.083
53.459
58.248
2.171.167
Minería
310.447
18.742
77.254
5.715.167
Servicios
1.319.185
209.906
96.349
3.984.345
Transportes y Telecom.
101,1
178.739
266.238
1.526.237
Fuente: Comité de Inversiones Extranjeras
Muchos promotores del TLC sostuvieron que los mayores niveles de inversión extranjera elevarían en forma significativa –junto a las exportaciones- el ingreso de dólares al mercado local. Claro que tales planteamientos no especifican que parte importante de estas inversiones (el 75% en el 2002) se orienta al sector servicios (ver cuadro No. 4), que no es fuente de divisas sino más bien demandante de ellas. Dado que estas inversiones recurren al crédito externo, requieren dólares para pagar la deuda. También demandan dólares para remitir utilidades a sus casas matrices y para la importación de insumos. Esta ha sido la experiencia de Chile y de otros países de la región durante los últimos años.
Con el TLC se avanzará en la liberalización inmediata del conjunto de los servicios, con muy pocas excepciones (lista negativa). Con ello, la penetración de capitales extranjeros a sectores como salud, educación y servicios de correo privado expreso, se hará mucho más extensa o total.
La extranjerización también ha alcanzado al sector exportador. En realidad, este sector está concentrado en unas pocas empresas, la mayoría extranjeras (9 de las 14 primeras). El alto nivel de extranjerización y concentración es evidente en el caso de la minería del cobre (la mayoría son empresas transnacionales norteamericanas) y en las empresas comercializadoras de la fruta y otros productos agrícolas. Por lo demás, dado que las empresas exportadoras transnacionales priorizan sus lazos con las casas matrices u otras subsidiarias, su contenido nacional se reduce, y con ello, disminuyen sus lazos con el resto de la economía nacional.
Cabe destacar que los flujos de inversión norteamericana ocurren en un contexto de agotamiento de posibilidades de grandes inversiones rentables en la economía chilena. La salida a este fenómeno es la inversión especulativa que conduce a la financiarización de la economía (fenómeno en pleno desarrollo) o convertir a Chile en “país plataforma”. En cuanto a esto último, para aprovechar la red de acuerdos comerciales de nuestro país con las principales potencias económicas del mundo, muchas empresas de distintos sectores –productivos y de servicios – han decidido instalar en Chile algún centro de operaciones importante, con el fin de utilizar a nuestro país como plataforma de negocios hacia mercados de la región. Varias de estas empresas son norteamericanas (Motorola, Citigroup, AT&T, Delta, Dicom Equifax, Hewlett Packard, entre otras).
C.- LAS OTRAS RAZONES DEL ACUERDO
Hemos querido demostrar que los promotores del TLC con Estados Unidos consideran casi únicamente los aspectos comerciales del acuerdo, particularmente las exportaciones. Llama la atención que en base a este reduccionismo se hagan promesas increíbles con respecto al crecimiento de las exportaciones, del Producto Interno Bruto (PIB) y del empleo. Hay que advertir que tales proyecciones no cuentan con ningún antecedente a favor. Por el contrario, en los años noventa se subscribieron 11 acuerdos de libre comercio, aumentaron significativamente las exportaciones y se tuvieron récords de inversión extranjera; pero, irónicamente, el país terminó la década sumido en una grave recesión económica de la que aún no salimos. El crecimiento del PIB durante los últimos 4 años apenas ha promediado el 2,3% y el PIB per capita de 2002 (4.261 dólares) es casi similar al de 1994. ¡Hemos retrocedido 9 años!. Asimismo, en este mismo período hemos sido testigos de la destrucción de empleos por tres años consecutivos y de una creciente precarización del llamado mercado laboral.
No sólo eso, Chile retrocedió 21 puestos en 2002, ubicándose en el lugar 105 del ranking de crecimiento de 175 países. Esta es una caída dramática si se compara con el escenario presentado hace sólo ocho años, cuando nuestro país figuraba entre las diez economías con mayor dinamismo del mundo.
Ante ésta situación, “el diagnóstico compartido indica que el modelo implementado hasta ahora estaría llegando a sus limites, luego de casi tres décadas de aprendizaje de una estrategia de apertura orientada a las exportaciones” . Muchos esperaron la introducción de ciertas rectificaciones al modelo durante los inicios del actual gobierno, pero terminaron imponiéndose las posiciones neoliberales más extremas que proponían “más de lo mismo”. El problema para estos neoliberales no es la liberalización (económica), sino la insuficiencia de ella. De allí la necesidad desesperada de maximizar la liberalización para que nos conduzca a un mayor crecimiento del PIB y del empleo. El vehículo para ello son los acuerdos de libre comercio, sobre todo con las potencias económicas.
Por otra parte, es obvio que para Estados Unidos, como lo reconoció el Washington Post en diciembre pasado, “este tipo de acuerdo es insignificante”. Este periódico proyectaba que el PIB del país aumentaría en términos absolutos apenas 0,004%. En estas condiciones y en el contexto de las negociaciones del ALCA, nadie podría dudar, entonces, que este acuerdo bilateral tiene más que nada un interés político. En verdad, el interés del país del norte es afianzar el rol de Chile como aliado incondicional de su política exterior, particularmente, como punta de lanza para la imposición del ALCA en el continente. Ello estaría colocando a Chile en una línea de intereses contrapuestos a los de países latinoamericanos que presentan una postura critica ante el ALCA, como Brasil y Argentina.
Al mismo tiempo, se trata de reafirmar y “blindar” (de cualquier alternativa) un modelo neoliberal en Chile. Así, el diario empresarial Estrategia aseguró que la sola firma del TLC era un portazo para cualquier aventura de izquierda que pretendiera modificar la actual estrategia económica. “El TLC, sin duda, consolida la imagen de Chile como una nación abierta al mundo y comprometida con el sistema de mercado. Desde esta perspectiva, hay que destacar un gran alcance político por cuanto su contenido obliga a las partes a respetar los principios económicos en el largo plazo, independiente de los gobiernos de turno, convirtiéndose en factor de estabilidad y resguardo a los principios que sustentan el desarrollo”. Por su parte, el senador derechista Hernán Larraín ironizó en El Mercurio con la idea de que la consolidación de las políticas neoliberales, para siempre, la firmaba un presidente socialista.
Si bien la noticia de la firma del TLC con Estados Unidos provocó un arranque de felicitaciones entre los grandes empresarios chilenos y extranjeros, y los partidos de gobierno, no sucedió lo mismo entre los trabajadores. Ello no sólo por el alto nivel de desempleo (sobre 9%) existente en el país y el prolongado estancamiento de los salarios (en 0% durante los últimos 18 meses), sino que también por el proyecto enviado por el gobierno, con el apoyo de todos los empresarios, que pretende profundizar aún más la flexibilidad laboral. Así lo demanda la mayor apertura provocada por los TLC.
Tampoco los consumidores parecieran estar muy felices con el TLC, ya que son los primeros en pagar injustamente el costo del acuerdo, especialmente los más pobres. El gobierno decidió aumentar el impuesto al consumo (IVA) en 1% a partir de este mismo año (antes de entrar en vigencia el acuerdo). Paradójicamente, previo a la firma del tratado, gran parte de la tensión nacional poco tenía que ver con los eventuales beneficios, ya que estuvo centrada en el debate tributario y en las argumentaciones y propuestas para compensar los menores ingresos por aranceles asociados a los acuerdos comerciales suscritos. Los promotores de esta maravilla deberían explicar al país que sentido tiene suscribir un acuerdo que, por un lado, lleva a la baja de aranceles y, por otro, exige un aumento del impuesto a los consumidores.
Por último, un acuerdo basado en la “reciprocidad” entre dos países que son profundamente asimétricos, no puede generar lógicamente un acuerdo equilibrado con beneficios simétricos. De allí que sorprenda la opinión del Ministerio de Economía de que “Chile buscó y obtuvo un acuerdo equilibrado e integral”. Esto debe entenderse dentro de la gigantesca campaña comunicacional lanzada por el gobierno, que nos hace aparecer como grandes ganadores y entrando a gozar de todas las “maravillas” del primer mundo.
Claro que dicha teoría parte del supuesto que no hay movimiento de capital entre ambos países, lo cual se muestra como completamente falso en el caso de las relaciones económicas entre Chile y Estados Unidos.
El Diario, 17 de abril de 2001.
El “Catastro de Barreras Externas al Comercio 2003” , elaborado por el Ministerio de Economía, detectó 171 barreras a los envíos de Chile al exterior originadas en unos 25 países. Estos países representaron el 91,4% de las exportaciones durante el año pasado.
Las exportaciones chilenas hacia el país del norte se han basado fundamentalmente en la explotación de recursos naturales, sobretodo mineros (cobre). Así, en 1996 las exportaciones se conformaron en un 37,7% por materias primas y, en un 55% por recursos naturales con algún grado de procesamiento. Estos porcentajes de participación no variaron significativamente hacia fines de la década y comienzos del 2000. En tanto, los envíos de Estados Unidos hacia Chile se componen principalmente de bienes intermedios, tales como petróleo y otros combustibles y lubricantes. En 1996, este tipo de bienes representaba un 51%, mientras que en 2001 alcanzó un 53%. También ha sido importante el ingreso de bienes de capital, los que en 1996 mostraron un 40% de participación en el total de las importaciones y, en 2001, aumentaron a un 53%.
Al respecto, hay que tener presente que la metodología usada por la CCS es diferente a la del Banco Central de Chile, ya que el concepto de inversiones detectadas corresponde a proyectos con una maduración superior a un año que son informados a través de fuentes formales o informales, además incluyen operaciones con fondos generados tanto internamente como en el exterior.
El extenso capítulo sobre los derechos de propiedad intelectual incursiona en materias de gran complejidad, como protección de marcas, indicaciones geográficas, nombres de dominio de internet, protección de señales satelitales portadoras de programas codificados, derechos de autor, y derechos conexos, patentes, normas de observancia; protección a la información no divulgada y la suscripción de ciertos acuerdos internacionales.
Entre septiembre 2002 y agosto del presente año, la inversión en el extranjero de las AFP aumentó de 15,5% del fondo (US$5.192,96 millones) a 21,7% del mismo (US$8.904,72 millones), lo que implica un incremento neto del monto de inversión en el extranjero de 71,5%. El instrumento preferido por las AFP en el extranjero siguió siendo el fondo mutuo, que logró un incremento superior al de la inversión global en el exterior: 89%, al pasar de US$3.680,65 millones a US$6.953,28. La participación de casi 22% en la cartera externa contrasta con el porcentaje invertido en acciones locales, que representan tan solo el 13,1% del fondo total, es decir, 5.536,62 millones.
Silva, Verónica (2001). Estrategia y Agenda Comercial Chilena en los Años Noventa. Pag. 7. Serie Comercio Internacional. CEPAL. Santiago , Chile .
Cabe destacar que muchos de los temas negociados en este acuerdo (inversión, competencia, compras gubernamentales y facilitación al comercio), son precisamente los que aún no se negocian en la OMC pero si en el ALCA, por lo que lograr acuerdos en torno a ellos sentarán un precedente para otros acuerdos bilaterales (para el TLC entre EEUU y Centroamérica, para el ALCA y para las negociaciones de la OMC ).