TLC CON COREA Y LA CONVENIENCIA NACIONAL

recalca

25 de septiembre de 2015

A comienzos de septiembre de 2015 se anunció que la Corte Constitucional había quedado empatada con 4 votos a favor y 4 en contra en la revisión de constitucionalidad del TLC con Corea del Sur. Esto obligó a nombrar un conjuez que tomará la decisión final. Es un hecho sin antecedentes, pues los TLC vigentes de Colombia han pasado por la revisión de la Corte sin mayor dificultad.

Se debe recordar que el proceso de negociación, aprobación y ratificación no ha estado exento de dificultades. En junio de 2014 este acuerdo fue hundido en la comisión segunda de la Cámara de Representantes, pero fue presentado en la legislatura siguiente por el Gobierno Nacional y aprobado a ‘pupitrazo’ por la mayoría de la Unidad Nacional.

Los hechos sobrevinientes ameritan recordar al país la inconveniencia de aprobar el TLC con Corea y los impactos negativos que ya están provocando este tipo de acuerdos.

TLC y algunos mitos

Generalmente los defensores de los tratados de libre comercio argumentan que la apertura de mercados y la eliminación de restricciones al comercio son suficientes para obtener beneficios recíprocos, porque las leyes del mercado y la ‘mano invisible’ se encargarán de resolver las asimetrías de los países. Además la apertura provocará automáticamente un aumento de las exportaciones y por ende del crecimiento económico.

Asimismo, Los TLC se presentan como acuerdos puramente comerciales, es decir, referidos al intercambio simple de mercancías y servicios entre naciones, sin mostrar que los mismos incluyen muchas otras normativas en materia de propiedad intelectual, inversiones, biodiversidad e incluso aspectos macroeconómicos. Su objetivo es avanzar en la construcción de una legislación económica supranacional, incluyendo el reconocimiento jurisdiccional de órganos internacionales de resolución de controversias.

Comercio sí, malos negocios no

La teoría, los hechos, la estadística y la evidencia empírica comprueban que el comercio internacional es solo un aspecto de la prosperidad de las naciones, pero ni es el único ni el más importante. Desconocer la importancia del intercambio cultural, político y comercial entre las naciones es un absurdo, pero lo es más pensar que cualquier relación exterior es provechosa.

El desarrollo de un país está determinado por la capacidad propia de producción de riqueza y esta a su vez depende del conocimiento acumulado para su creación, la facilidad de acceso a materias primas y capital, la energía, infraestructura, instituciones sólidas, mercados fuertes, capacidad innovadora de sus ciudadanos, es decir, un conjunto de condiciones que brindan a la nación la posibilidad de crear mercancías y servicios para la satisfacción de su población a través del comercio. Naturalmente una mayor productividad generará una mejora en la eficiencia y excedentes para comercializarse en los mercados internacionales.

 

Por último, quizás uno de los aspectos más dañinos para el país de los TLC vigentes y en proceso de ratificación o aprobación es la restricción que crea para el Estado en cuanto al manejo macroeconómico. En efecto, existen cláusulas como la de Trato Nacional y Nación Más Favorecida, que impiden que el Gobierno -coordinador de la economía- pueda tomar medidas discrecionales para proteger e impulsar un sector específico de la producción.

Los TLC impiden que Colombia replique las medidas que los países más ricos del planeta tomaron en el pasado y siguen haciendo en el presente, para fortalecer su aparato productivo y convertirse en los mayores actores de la economía y del comercio mundial. El debate sobre la conveniencia del TLC con Corea no se resuelve con frases optimistas y cuentas alegres sobre la conquista del mercado asiático con mercancías que no produce el país y menos con la quiebra en la producción que otros TLC vigentes provocan.

El empate en la Corte Constitucional refleja una preocupación de esta institución con relación a las negativas consecuencias de los TLC actuales y la imposibilidad de probar de manera efectiva que la negociación de este tipo de acuerdos no son violatorios de los principios fundamentales de la Constitución, en cuanto al interés nacional y el adecuado manejo económico por parte del Gobierno.

Los resultados actuales del comercio con Corea del Sur

La relación comercial de Colombia con Corea del Sur ha sido sistemáticamente negativa, estando esta nación entre las 10 con las cuales se tiene mayor déficit. La razón más importante no se encuentra en el grado de apertura comercial sino en la composición del mismo. Es decir, la explicación del déficit comercial no está determinado por el grado de apertura sino porque las ventas de Colombia no tienen el suficiente valor para pagar las compras que hace a ese país.

De acuerdo con los argumentos del Gobierno Nacional, un TLC con Corea es necesario para aumentar las exportaciones nacionales. Un vistazo a la estructura de las exportaciones colombianas hacia la república asiática permite determinar que en las actuales condiciones no se requiere un acuerdo de apertura comercial para lograr ese propósito.

Para 2014 el 87,4% de las ventas colombianas se concentraron en tres productos: petróleo, café y ferroníquel. El petróleo y el ferroníquel ingresan sin arancel. El café debe pagar una tarifa, pero a pesar de esto entre 2010 y 2014 se exportaron US$ 346 millones, con un crecimiento de 56%, lo que prueba que no obstante las restricciones, si un país tiene un producto competitivo es posible llegar a otros mercados.

El 12,6% de las exportaciones está representado en 12 productos más, como: chatarra, insecticidas, triciclos, flores y azúcar, entre otros, de los cuales la mayoría no supera US$ 3 millones al año en exportaciones. A pesar de los aranceles al azúcar sus exportaciones se incrementaron 263% entre 2010 y 2014.

Es posible determinar que la incapacidad de exportar más mercancías hacia Corea del Sur no se debe a un obstáculo puramente arancelario, sino a la incapacidad productiva del país, como consecuencia de políticas económicas antindustriales y antiagrícolas.

En contrapartida, Corea del Sur, sin TLC, es capaz de tener un comercio que vale US$ 890 millones de dólares más con Colombia para 2014, representados en automóviles y sus partes, máquinas y equipos, productos químicos, metalúrgicos y plásticos, que componen el 93,6% de las importaciones desde ese país.

En la Tabla 1 se muestra una comparación sencilla de la composición del comercio entre ambos países, prueba por qué Colombia es un perdedor en el comercio con Corea, al no ser capaz con sus ventas de generar los dólares necesarios para las compras.

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Si lo anterior no fuera suficiente argumento, Colombia vende a Corea mercancías que no compiten con su producción y que no afectan su desarrollo económico y Corea lo compra con recursos excedentarios de su balanza comercial. Mientras tanto, Colombia le compra mercancías que sí compiten con producción y empleo local, o son bienes que el país podría producir y crear riqueza interna, pero en todo caso no cuenta con los recursos suficientes para pagarlos, como lo prueba el abultado déficit en cuenta corriente. Entonces es evidente que el costo de asumir compromisos económicos con Corea corre por cuenta de Colombia y las ganancias se dirigen al milagro del río Han.

Primero se produce y después se vende

Algo que parece obvio es el orden en el que se realizan los negocios mundiales. El comercio se realiza porque primero existe una producción qué ofrecer. La lógica de quienes defienden la suscripción descontrolada tratados de libre comercio parece que no es esa. Según ellos, el país primero debe buscar nuevos mercados y después pensar en cómo obtener provecho. Lo grave es que en el interludio, las importaciones de bienes que Colombia podría producir están arruinando a la economía en su conjunto, haciendo al país cada vez más dependiente de la extracción de recursos naturales y obligando a sus ciudadanos a vivir del rebusque.

Una política pública sensata debería enfocar los esfuerzos del Estado en mejorar la competitividad del país y en la conservación e impulso del aparato productivo nacional, lo cual se traduce necesariamente en beneficios a los consumidores vía mejor ingreso nacional, generando más empleo de calidad y mejor remunerado.

Sacrificar a la industria, con toda la complejidad que requiere su realización, a cambio de exportaciones inciertas y marginales en otros sectores, es en definitiva un mal negocio para el país. Visto de esta forma, los US$ 5 millones de exportaciones agrícolas a Corea -sin café- ($15000 millones) en el 2014, parecen insuficientes frente a los US$ 3800 millones de producción colombiana de textil y confecciones, electrodomésticos y automóviles y sus partes ($ 11,2 billones) que enfrentarían una competencia desigual y ruinosa de aprobarse un TLC con Corea.